Como se ha señalado, la naturaleza de la guerra en sí está sufriendo una transición.

Las tendencias actuales en materia bélica – el aumento en los bombardeos estratégicos sobre poblaciones civiles y la mayor importancia militar que ahora se le otorga a la destrucción de fuentes de aprovisionamiento (en contrapartida con las bases y personal puramente “militares”), sugieren poderosamente que se está produciendo una mejora cualitativa realmente importante.

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Asumiendo que el sistema de guerra ha de continuar, resulta más que probable que la calidad regresivamente selectiva de la guerra se habrá invertido a medida en que sus víctimas resultan más y más representativas de sus respectivas sociedades.o existe ninguna cuestión, fuera de un requerimiento universal, de que la procreación se vea limitada a los resultados de la inseminación artificial ya que ésta brindaría un sustituto totalmente adecuado para controlar los niveles poblacionales.

Semejante sistema reproductivo tendría, por supuesto, la ventaja adicional de ser susceptible a la administración eugénica directa. Su futuro desarrollo previsible – concepción y crecimiento embriónicos que tengan lugar íntegramente bajo condiciones de laboratorio – extenderían estos controles hasta sus conclusiones lógicas.

La función económica de la guerra bajo estas circunstancias no solo se vería mejorada sino que también sería superada en su efectividad.El paso intermedio indicado – el control total de la concepción con una variante que involucre a la píldora anticonceptiva, a través de las fuentes de provisión de agua o de ciertos alimentos, luego contrarestado por medio de algún “antídoto” controlado – ya se encuentra bajo desarrollo. (41)

Parecería no existir ninguna necesidad previsible de revertir a prácticas pasadas de moda a las que nos hemos referido en la sección anterior (infanticidio, etc.),

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