Laszlo Polgar pedagogo, ajedrecista y autor de varios libros sobre el juego ciencia, fraguo un plan y fue entonces que le escribió a una maestra de escuela, proponiéndole un singular experimento: casarse, tener hijos y educarlos dentro del hogar, para demostrar que es posible, que cualquier niño con una inteligencia normal, puede lograr hazañas creativas e intelectuales. La idea no era nueva, ni original de Laszlo.

DESMONTANDO EL MITO DE LA SUPREMACIA DE LOS HOMBRES EN EL AJEDREZ

Si nos preguntaran acerca de quién consideramos como mejor ajedrecista de todos los tiempos, seguramente nos vengan nombres comos Bobby Fisher, Karpov, Kasparov … y probablemente los nombres que recordemos sean de varón.

Tendemos a percibir la realidad que nos rodea de forma equivocada  y ello es merced a la continua manipulación que los mass media, con sus “selectos contenidos”, con el objetivo de hacernos percibir el mundo en el que vivimos, según sea el interés de la pequeña élite que gobierna este planeta.

Por ello entendemos que experimentos como el de la familia Polgar, no son del agrado de dicha élite y el apellido Polgar se vincule más con ajedrez que con la metodología para una temprana educación.

¿POR QUE? Porque el conocido como Experimento Polgar, pone en jaque al sistema educativo actual que se impone en los países de Occidente, más bien, lo destroza desde el primer movimiento, ese que hizo Lazlo Polgar (Hungría), cuando apostó por desarrollar un concepto de Psicología Educacional que él mismo define con esta máxima “donde cada niño normal es un genio en potencia.”


 EL EXPERIMENTO POLGAR

Nacido en 1946 en Hungría. Laszlo Polgar Although realizó un estudio profundo de la infancia de los genios. El ejemplo arquetípico fue: Wolfgang Amadeus Mozart, que a la edad de cinco años ya componía, y que es el típico ejemplo de un niño que hereda dones especiales. Pero Laszlo, señaló que esto no era tan verdad, ya que el padre de Mozart Leopold, también fue músico y que dispensó a su hijo una importante escolarización temprana, inestimable.

Escribió un libro titulado <<Criar genios>>, en el que solicitaba una esposa dispuesta a llevar a cabo el experimento. A la petición acudió Clara, una maestra de escuela se casaron y tuvieron 3 hijas.

Laszlo concluyó que la formación especializada es más importante que el talento natural “El genio es igual a trabajo y circunstancias afortunadas”. Por circunstancias afortunadas, Laszlo entiende: un hogar feliz que él y su esposa Clara le brindaron a sus 3 hijas.

Laszlo y su esposa Clara, decidieron que sus hijos por venir, se dedicarían a estudiar dentro del hogar e instruirse en varios conocimientos; primero los que normalmente se aprenden en la escuela. Practicarían algún deporte, se les enseñaría idiomas –alemán, inglés y esperanto (al que adoptaron como lengua natal)- además de matemáticas de alto nivel, pero sobre todo aprenderían el ajedrez.

Así las tres hermanas Polgar se dedicaron a instruirse en los secretos del ajedrez, bajo la tutela del padre y de los expertos en el juego ciencia.

Ellas contaban con miles de libros de ajedrez, además de cientos de fichas técnicas. Laszlo encontró la ayuda de grandes maestros, desentrañando para sus hijas, las respuestas a los entresijos del ajedrez, adentrándolas en sus laberintos y que se admiran de su belleza. Ellas cada día asimilaban, más allá de la compresión normal, de quien estudia solo y aislado.

Quizá Laszlo exageró porque en su decir, no dejaba a las niñas perder el tiempo viendo televisión. Un punto a favor de este psicólogo, padre de las niñas; es que no le importaba, si ellas perdían partidas, ello no tenía consecuencias para las niñas.

El padre sabía que se aprende con la experiencia, y que perder es otra forma de formarse para llegar a la excelencia. Que no hay un substituto para la experiencia. Las niñas no fueron maltratadas en ese sentido. Finalmente Laszlo y Klara, se salieron con la suya, hicieron de sus tres hijas, tres genios.

Los padres de las niñas Polgar tuvieron serias dificultades para poder educar a sus hijas dentro de sus planes y en casa, porque se encontraron con la férrea oposición del estado de Hungría, en ese entonces con una política comunista.

Tanto los progenitores de las Polgar y su experimento educativo fueron una preocupación constante para el gobierno, por ello fueron vigilados. Se pensó incluso enviar al padre alguna institución psiquiátrica y resguardar a las niñas.


LAS  3 HERMANAS POLGAR: SUSAN, SOFIA Y JUDITH

Las tres hermanas Polgar vivieron un experimento que a su juicio y a los ojos de la mayoría salió bien, aunque no faltan voces críticas. Cabe preguntarse si lo que hicieron sus padres estuvo bien, por más suerte que tuvieran con las niñas. Sofía, Susan (entonces Zsuzsa) y Judit aprendieron en casa lo que no está escrito. 

Quienes conocen la particular idiosincrasia de la familia Polgar estarán ya familiarizados con la educación que las tres hermanas recibieron por parte de sus padres, educadores profesionales. Nunca fueron a la escuela, presentándose a la misma solamente para realizar sus exámenes.

61Adoptaron como lengua natal el esperanto, aparte del húngaro, seguramente con la idea, proveniente de su padre, gran aficionado al ajedrez y consumado esperantista, de que en un futuro tendrían que habituarse al aprendizaje de varios idiomas debido a sus incesantes viajes.

Cuando Susan tenía 19 años, Sophia 14 y Judit 12, compitieron como equipo en las Olimpíadas Femeninas y lograron la primera victoria en la historia de Hungría sobre las soviéticas.

En la Olimpiada de Tesalónica de 1988 las tres hermanas protagonizaron otro hecho insólito. Pese a su dominio evidente, no les resultó fácil que el Gobierno húngaro las aceptara a las tres en el equipo. Al final acompañaron a Ildiko Madl, para una media de edad de 16 años, baja incluso para un equipo juvenil (Judit tenía 12).

Con todos los ojos posados sobre las hermanas, lo que consiguieron fue impresionante: En el primer tablero, Susan logró 10,5 de 14 puntos, Judit en el segundo arrasó con 12,5 de 13 y Sophia se alternó con Ildiko en el tercero. Por supuesto, consiguieron el oro.

Años más tarde, Susan ha conseguido la plata por equipos representando a Estados Unidos, además de varias medallas de oro individuales.

Las tres hermanas se convirtieron en notables ajedrecistas, hablaban varias lenguas y ante todo y pese a cualquier reticencia que el peculiar experimento pedagógico pudiese suscitar fueron, y son, gente de lo más normal, dentro de su singularidad como fuertes jugadoras de ajedrez, de las que nunca ha podido comentarse o leerse ninguna excentricidad ni nada malo, todo lo contrario.


SUSAN POLGAR (la hermana mayor)

La primera hija fue Susan, 1969. Quien al cumplir cuatro años y sin saberlo fue inducida a empezar con el experimento: le enseñaron a jugar al ajedrez. Tanto el padre como la madre eran jugadores mediocres, pero el padre escogió el ajedrez porque se trata de un terreno dominado en su gran mayoría por hombres y porque es un juego que permite medir con relativa facilidad el progreso de una persona.

¿Los resultados de este experimento familiar?

A sus 17 años, Susan se convirtió en la primera mujer en clasificarse para lo que en aquel entonces se llamaba el Mundial Masculino de Ajedrez (aunque Susan se clasificó, la Federación Internacional de Ajedrez no la dejó competir).

Susan se vengó de una manera bastante eficaz: tiene cinco medallas de oro olímpicas y ha sido campeona del mundo en cuatro modalidades distintas (nadie más lo ha conseguido): sub- 16, clásica, rápida y relámpago.

A sus 21 años, Susan fue la primera mujer en convertirse en “gran maestro” del ajedrez, el mayor título que se puede obtener en este deporte. Y lo hizo por merecimientos propios (otras lo consiguieron antes de forma automática al proclamarse campeonas del mundo). 

Al ser la mayor, Susan fue la más consciente de vivir bajo un régimen dictatorial, que siempre puso muchas pegas a la forma de vida de los Polgar, pese a la propaganda que en un momento dado podían suponer sus triunfos. Han sido muchos desagravios, que la FIDE no siempre ha reparado (incluso en alguna ocasión los alimentó, cuando decidió subir la puntuación ELO de todas las otras jugadoras para compensar la escandalosa ventaja que tenían las Polgar).

Vive en los Estados Unidos, donde escribe el que probablemente sea el mejor blog de ajedrez del mundo y participa de forma activa en la promoción de su juego favorito entre los niños. En el interesantísimo libro «Breaking Through» cuenta el desarrollo de su carrera, desde que aprendió a jugar a los cuatro años.

►Documental protagonizado por Susan Polgar. “Convierteme en un genio


SOFIA POLGAR (la hermana mediana)

Sofía Polgar (1974) es la única que no sigue vinculada al ajedrez, aunque tiene los títulos de Maestro Internacional y Gran Maestra femenina.

A los 14 años ganó el torneo de Roma frente a varios grandes maestros con una increíble puntuación de 8,5 puntos sobre 9 posibles, cuando nadie la conocía.

Una vez demostrado que podía con los mejores, simplemente su ausencia de interés competivivo la llevó por otros derroteros.

Es obvio que un entrenamiento en esas condiciones se vuelve obsesivo. Alguna vez Sofía, seguía a altas horas de la noche abrumada, moviendo las piezas del ajedrez, e intentando encontrar alguna solución. Una de sus hermanas le dijo cariñosamente. “Ven deja ya las piezas, ven a dormir”, a lo cual con sueño, ella contestó: ¡no puedo son las piezas las que no me dejan a mí”.

Ahora vive en Toronto, donde pinta y da clases de ajedrez y está casada con un el cirujano y gran maestro georgiano Yona Kosashvili.

La mediana de las Polgar quizá sea la más objetiva al estar más lejos del ajedrez que sus hermanas. Siempre se muestra «muy agradecida» por la educación recibida de sus padres.

«Les agradezco sobre todo que siempre hayan estado ahí y nos hayan dado ejemplo para que fuéramos personas buenas y positivas», añade. Sofía, que habla húngaro, inglés, hebreo, ruso y un poco de alemán y esperanto, es la única de las tres que, por otro lado, pasó algún tiempo estudiando en una institución «normal». 

Ocurrió de joven, durante el tiempo que vivió en Israel, donde aprendió arte y diseño, además de casarse y tener descendencia.

(Extracto de entrevjudit-photo7_604x433ista a Sofía Polgar)

¿Cuándo descubrió que no era una niña normal?

«Nunca, simplemente tuve una vida inusual», afirma. Tampoco se considera un genio e insiste en que lo único de lo que está segura es de que «no importa cuánto talento tengas; sin trabajar duro no llegarás muy lejos».

Sofía, asimismo, destacaba en sus respuestas que el ajedrez le dio «la oportunidad de viajar y aprender sobre otras culturas y conocer a gente maravillosa».

Y por fin pude preguntarle una vieja duda:

¿por qué de las tres Polgar ella fue la que se ha mantenido más lejos de los tableros, pese a sus fulgurantes comienzos?

«A todas nosotras nos trataron de la misma manera, pero por supuesto las circunstancias siempre cambian con el tiempo. Personalmente, yo necesito descubrir nuevas cosas constantemente. El ajedrez es fantástico y me ha dado mucho, pero hay muchas otras cosas que descubrir».

«El ajedrez es bueno para muchas cosas. Ayuda a desarrollar la creatividad, la capacidad para elaborar planes, la habilidad para aprender de los éxitos y los fracasos, espíritu de lucha… Debes valerte por ti mismo durante la partida; si cometes un error no puedes culpar a nadie».

«Es el mejor juego. También ayuda a desarrollar habilidades como el cálculo, la concentración, el reconocimiento de modelos, la capacidad para resolver problemas… Todas estas aptitudes pueden usarse en cualquier campo, como aprender que cada movimiento que realizas tiene una consecuencias en el tablero y en tu vida».

«Como en otros deportes, además aprendes a respetar a tu rival y a gestionar el éxito y las decepciones de una manera sana. El ajedrez también tiene elementos artísticos aunque es un deporte mental. Puede ser jugado por cualquiera, sin importar el sexo, la raza, la edad o la religión».


JUDITH POLGAR (la hermana pequeña y la más grande)

Judit Polgar (1976) es la mejor ajedrecista de todos los tiempos. No juega competiciones femeninas, que siempre se le han quedado pequeñas. No sabe cuándo exactamente, pero «muy pronto» se dio cuenta de que no era niña normal. Habla húngaro, inglés, ruso y un poco de español. 

En 1.991 Judit Polgar se proclamó campeona absoluta de Hungría y obtuvo el título de Gran Maestro con solo quince años, batía así el record de Bobby Fischer en unos meses y se proclamaba por lo tanto el Gran Maestro más joven de la historia, el record de Bobby había permanecido imbatido treinta y tres años. No vamos a entrar en el debate de  si la Judit Polgar de 1.991 jugaba igual, mejor o peor que el Fischer de 1.958 porque lo cierto es que ambos fueron en su adolescencia unos jugadores fantásticos y curiosamente marcados también por una preferencia por el juego agresivo e “instinto asesino”.

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Judith Polgar “Como batí el record de Fisher”

Tablero aparte Judit no puede ser más diferente del legendario jugador americano, políglota, viajera incansable, simpática y cosmopolita, Judit desde casi sus inicios hasta su retirada en 2.014 del ajedrez de competición ha sabido ganarse el corazón de los aficionados al juego en el mundo entero.

Judit siempre ha comentado que la élite de ajedrez tardó años en aceptarla como un igual. En sus primeros años la actitud de los maestros de ajedrez oscilaba habitualmente entre dos actitudes aparentemente contrarias, o bien le ofrecían tablas rápidamente con la finalidad de quitársela de encima, o bien peleaban a muerte y en caso de derrota prolongaban la lucha más de lo que las normas de cortesía suelen indicar en ajedrez… nadie quería ser su víctima ya que eran conscientes de que la noticia de una derrota ante “la niña”, una cría de doce o trece años, causaría sensación en el mundo del ajedrez… afortunadamente para la jugadora húngara y sus rivales pronto su victoria sobre tal o cual maestro de ajedrez dejó de ser noticia.

Si bien Judit tuvo la “suerte” de contar con el menosprecio de sus colegas… algo mortal en ajedrez, pues como bien comentó una vez Karpov “juego mejor cuando no me consideran favorito”, también es cierto que en ocasiones el desprecio de algunos llegó a niveles insultantes con el evidente propósito de desestabilizarla emocionalmente… un “maestro” en este arte del desprecio era el Sr. Kasparov, este se cebó particularmente con las hermanas Polgar y con Judit en particular…

Era algo singular ver las fotografías de torneos de los años noventa y verla siempre ahí, entre los mejores, la simpática pelirroja era no solo una nota de color en un mundo de aplastante mayoría masculina, sino también una demostración palpable de que una mujer podía jugar y plantar cara con un tablero de por medio a cualquier jugador masculino, que con una dedicación y una preparación similares no había ningún motivo de origen “biológico” en la preponderancia masculina.

Enemiga declarada de que existan competiciones masculinas y femeninas por separado, reconoce que alguna vez se sintió maltratada por jugar entre hombres. «Ahora no me ocurre en absoluto, pero en el pasado alguna vez escuché comentarios muy irritantes».

Como fue la más precoz de las tres, quizá el efecto sorpresa la ayudó en alguna ocasión: «Puede que al principio funcionara, pero por otro lado, nosotras tenemos que probar que somos buenas muchas más veces antes de que la gente se dé cuenta. Si hubiera sido un chico, habría sido una ventaja en este sentido».

La jugadora húngara con los años se hizo con un buen número de “cabelleras”… entre los que se encuentran victorias contra nueve ex-campeones de ajedrez del mundo y FIDE, (Smyslov, Spassky, Karpov, Kaspárov, Khalifman, Anand, Ponomariov, Kasimdzhanov y Topalov) y consiguiendo posicionarse en 1.996 entre los 10 mejores jugadores del mundo, clasificándose años más tarde para el torneo de candidatos de San Luis de 2.005… nadie sabe hasta donde hubiera sido capaz de llegar sin sus forzosas y temporales retiradas de la competición en 2.004, en un momento crítico de su carrera y 2.006 para dar a luz a sus dos hijos, Oliver y Hanna.

La maternidad le supuso varios parones en su carrera, pero a los 35 años seguía siendo uno de los mejores grandes maestros del planeta, con un inconfundible estilo agresivo.

Hasta el momento ha escrito 3 libros sobre ajedrez: “How I beat Fischer’s record” (Cómo batí el record de Fischer) (2012).  Este libro tuvo 2 continuaciones, formando así una trilogía con la biografía y el testamento ajedrecístico de una jugadora excepcional.. En 2013 se publicó “From GM to Top Ten” y “A Game of Queens” ya en 2.014, coincidiendo con su retirada. 

Judit ha querido salir del mundo del ajedrez por la puerta grande y ofrecernos a los aficionados de todo el mundo el relato de primera mano de su experiencia como jugadora de ajedrez profesional. Judit siempre ha sido consciente de que forma «parte de la historia», junto a sus hermanas, aunque no siente «ningún peso sobre los hombros». Sin falsas modestias, también cree que su caso «demuestra que el genio no nace, sino que se hace», la tesis principal de sus padres, aunque no se considera un genio.



 NOTA :

Gracias al usuario Ignoreland por hacernos llegar su comentario con datos sobre la familia Polgar que procedemos a incluir en este artículo sobre la familia Polgar:

El ajedrez fue una sorpresa, cuando Zsuzsa encontró un tablero de ajedrez en un armario y se quedó fascinada con el juego. Su padre efectivamente era un jugador mediocre, pero muy pronto se dio cuenta de que a la niña se le daba bien y le buscó profesores cada vez más preparados.
En caso de las otras dos hermanas ya era muy lógico seguir la misma línea, no solamente por ser más sencillo seguir un camino ya conocido, sino también porque las pequeñas veían el juego, la preparación y los éxitos de su hermana mayor, y acabaron jugando ellas mismas también.
Y el ajedrez no fue la única opción para las niñas, tanto que Judit jugaba al ping-pong, y se le daba muy bien! Pero llegó un momento que tenía que decidir por el uno o el otro. Y ya conocemos su decisión.

Hoy tenemos a grandes jugadores que alcanzaron el título a una edad más temprana, la élite del ajedrez ha “rejuvenecido” en comparación con la de aquellos años merced al uso intensivo de computadoras y bases de datos informáticas, una ayuda que Judit nunca pudo tener por motivos generacionales.



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