No podemos permitir que más niñas en Colombia, de nueve o diez años, sigan siendo víctimas de esta perversidad farmacéutica que condena a penosas y graves enfermedades a quienes reciben obligatoriamente en escuelas de Colombia una cuestionada vacuna que ya ha dejado las huellas de sus efectos en niñas del mundo entero. Que no se oculte la verdad, que se hable sin tapujos sobre los efectos nocivos del Gardasil y que se ordene suspender inmediatamente su aplicación en el territorio colombiano. Solo después de un debate serio y científico los colombianos decidiremos si permitimos que nuestras hijas reciban una segunda o tercera dosis, de no ser así responsabilizamos al Estado colombiano de todo cuanto les pueda ocurrir y denunciaremos internacionalmente esta atrocidad contra seres inocentes y vulnerables y que las escuelas no se presten para este monstruoso negocio cuyas ganancias se recogen en los cuerpos inertes de nuestras hijas.

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